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La televisión analógica ha muerto. Viva la TDT

En estos días está culminando el proceso del llamado apagón analógico, que lleva consigo la implantación definitiva de la Televisión Digital Terrestre (TDT), finalizando así el Plan Nacional de Transición a la TDT.

(Imagen publicada por Monsieur en ZAPATERIAS RIMADAS)

(Imagen publicada en zapaterias.blogspot.com)

La última fase, iniciada el 10 de marzo, ha tenido su apogeo el día 30 con el apagón de Madrid, Barcelona, Sevilla y otras grandes ciudades españolas, con 16,5 millones de espectadores afectados, y concluirá el 2 de abril con el adiós definitivo a la televisión analógica de los últimos municipios de Asturias, Castilla y León, Islas Canarias y Galicia que se adaptarán a la nueva televisión digital, aunque todavía quedarán algunas zonas en sombra (valles de población dispersa con muchos árboles en las zonas rurales y viviendas unifamiliares cercadas por edificios muy altos en las ciudades) que seguirán teniendo recepción defectuosa y precisarán instalaciones adicionales entre 200 y 2.000 euros.

Sin lugar a dudas, la TDT representa el mayor cambio histórico de la televisión en España desde que la Televisión Española se implantara a nivel nacional hace medio siglo (se había inaugurado en Madrid en 1956 y en Barcelona tres años después para retransmitir un partido de fútbol entre el FC Barcelona y el Real Madrid).España fue uno de los países pioneros en iniciar las emisiones de la TDT, con la aparición de Quiero TV al comienzo de este nuevo siglo, pero la quiebra de esta plataforma de pago frenó la implantación de esta tecnología. La creación de la asociación Impulsa por el lobby televisivo puso en marcha la promoción definitiva del sistema digital, ligándolo a la eliminación de la televisión analógica, obligando a los canales a emitir solo en digital.

Es indudable la influencia del fútbol en la historia de la televisión en España. La llegada del color que fue uno de sus mayores adelantos técnicos, iniciada en 1974 y generalizada en 1977, no llegó al gran público hasta 1982, con el Campeonato Mundial de fútbol celebrado en nuestro país. También la televisión de pago se introdujo gracias a este deporte, aunque los primeros intentos han resultado ruinosos. De ahí que el verdadero boom de la TDT se producirá a finales de este trimestre, con motivo de la celebración del Mundial de Sudáfrica.

Básicamente, la TDT es una nueva manera de recepción de la señal televisiva que permite sintonizar mayor número de canales (unos 400), mejorar notablemente la calidad de la imagen y el sonido (solo en los receptores modernos provistos de alta definición HD), y ampliar la interactividad de los telespectadores con los respectivos canales.Para recibir esta señal digital es necesario un descodificador (integrado en los nuevos televisores o como receptor externo adicional colocado entre la toma de antena y el televisor), y también una pequeña adaptación de la antena. En las sucesivas adaptaciones de antena, han tenido un protagonismo indiscutible los instaladores de telecomunicaciones, encuadrados en FENITEL, cuyo papel ha sido crucial en el desarrollo legislativo de las normas que afectan a la actividad de sus asociados.

Cabría esperar que tan amplia oferta de canales redundara en una amplia variedad de contenidos interesantes para el espectador, y aunque algunos pueden resultar atrayentes, lo cierto es que hay muy pocos informativos verdaderamente independientes del poder político, y que la mayoría de los canales temáticos están plagados de refritos de las principales cadenas. España tiene la mayor oferta de televisiones públicas de la Unión Europea, a la que se suman centenares de medios locales, que proliferaron en los años noventa, adjudicados discrecionalmente al socaire de una ausencia de regulación legal y financiados casi siempre por diputaciones y ayuntamientos. Estoy seguro que esta sobresaturación de canales que constituye una verdadera burbuja audiovisual se verá reducida a la mitad o menos, como ya ocurrió con la sopa de letras de los partidos políticos en los primeros años de la transición.

La gran oferta de canales de la TDT se estructura en cinco niveles: nacionales, autonómicos, insulares, locales -atendiendo a su área de cobertura- y los del llamado tercer sector que son canales históricos de proximidad, con un cierto interés cultural, educativo, étnico o social. Para conocer toda la programación existente ya no es suficiente con consultar las páginas de los periódicos, sino que hay que acceder a medios especializados como Mundoplus, que nos permite conocer las parrillas de programación y todo tipo de noticias generales y técnicas sobre el mundo de la televisión en general, y sobre la TDT en particular. Y no solamente de televisión, sino también de la radio digital que ha irrumpido con fuerza en nuestras vidas, y que ha  permitido a una modesta emisora como esRadio hacerse un hueco en el panorama de la radio española a muy pocos meses de su nacimiento.

Las repercusiones económicas de la transición a la TDT son muy importantes para todos los involucrados en ella: fabricantes (sintonizadores, televisores y antenas), instaladores (adaptación de antenas, sustitución de cableado, mantenimiento de las nuevas infraestructuras y futuras actualizaciones), productores de contenido (canales temáticos), operadores de red (redes troncales con nuevos servicios de mejor calidad, difusión selectiva), y muy especialmente para los espectadores.

Según estimaciones oficiales, la TDT ha movilizado alrededor de 12.000 millones de euros, de los que una gran parte ha sido a cargo de los usuarios (decodificadores, antenizaciones y nuevos receptores), y otra aportada por el Gobierno (créditos blandos a las Comunidades autónomas, subvenciones directas, reparto de descodificadores para colectivos en riesgos de exclusión social, y una millonaria campaña publicitaria para que “no nos pillara el toro”). Para la patronal del sector, el apagón analógico ha sido la tabla de salvación que les ha permitido sortear la crisis, aunque muchos televidentes opinan que no había una necesidad real de gastar tanto dinero para seguir viendo la misma televisión con peor calidad, y que el proceso de transición solo responde a una decisión política de adoctrinamiento.

Confiemos en que la Ley General de la Comunicación Audiovisual que hoy se publica consiga los ambiciosos objetivos que se propone: que la televisión sea un servicio de interés general que tiene como misión difundir contenidos que fomenten los principios y valores constitucionales, contribuir a la formación de una opinión pública plural, dar a conocer la diversidad cultural y lingüística de España, y difundir el conocimiento y las artes, con especial incidencia en el fomento de una cultura audiovisual.  Aunque me temo que para conseguir programas originales, novedosos y atractivos no sea suficiente con esta Ley, si no se revisan los mecanismos de concesión de licencias.

Desde la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones se presume de liderazgo mundial en estas tecnologías, de haber creado 40.000 puestos de trabajo, y de exportarlas a una treintena de países, y hablan incluso del interés de Estados Unidos por los logros españoles en este campo, aunque hay quienes creen que esta apoteosis de la tecnología española es poco más que un invento del TBO, que solo vale para ver algunos canales en HD, pero -si no tienes un televisor de última generación- la TDT sirve para seguir viendo los mismos contenidos  multiplicados y repetidos  en innumerables cadenas, series  antiguas  de cuando éramos mucho más jóvenes, y programas que quieren ser de debate, en los que se inunda la pantalla con mensajes plagados de faltas de ortografía, descalificaciones y bulos.

La drástica disminución de audiencia de los canales generalistas en favor de los canales temáticos y locales, junto con la crisis publicitaria, obliga a las cadenas a buscar nuevas fuentes de ingresos como la TDT de pago para contenidos como películas, deportes o conciertos, ahora que el mercado empieza a estar maduro para ello, y que todos los hogares son clientes potenciales de ella, una vez que cada telespectador se ha financiado su decodificador y su instalación, sin que los canales hayan tenido nada que aportar.

Ante este panorama, la emigración de los televidentes a Internet empieza a ser una alternativa interesante a medio plazo, que dará un nuevo vuelco al sector.

Mientras esperamos, no estará de más que lo hagamos con una sonrisa, leyendo la visión satírica que Monsieur de Sans-Foy publica hoy en su blog ZAPATERIAS RIMADAS, y que se transcribe a continuación:

¿QUÉ HA PASADO CON LA TELE?

 En su butaca, Pascual
va cambiando de canales…
(todos gubernamentales,
como siempre: Telecinco,
la Tres, la Cuatro, la Sexta…)
-Pascual está hasta la cresta-
Y de repente, da un brinco:
¡Anda, mi madre y mi tía!
¡Si es Intereconomía!
Y cuando, libre de espantos
Pascual -pobre- se creía…
¡sale Jiménez Losantos! 
¡Magia Negra! ¡Brujería!
¡Esta tele no es la mía!

A nuestro amado Gobierno,
tan rumboso y tan moderno,
se le nota preocupado…
Piensa que igual la ha cagado
con la Tele Digital:

Tranquilízate, Pascual:
Es la Tele Digital.

Ningún canal vale nada
y, aunque todos son a cual
más sectario y más parcial…
por lo menos, es variada,
(lo que no está nada mal)


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